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LA BRECHA ES MAYOR ENTRE RICOS Y POBRES, A PESAR DEL ENORME ESFUERZO DEL TRABAJADOR

El editorial par el mes de julio queremos tratar de la contradicción que está viviendo la humanidad con el capitalismo y en plena pandemia. Cuando se lee y se vive todas las desgracias que ha producido la pandemia del coronavirus, uno se engaña pensando que toda la humanidad está viviendo en similares condiciones. Sin embargo, la realidad es otra, los ricos no han sufrido por la pandemia, económicamente hablando, son cada vez más ricos, con o sin pandemia, mientras que los pobres son más pobres con pandemia.

En línea directa con el sistema de globalización neoliberal establecido, en Latinoamérica se estima que la tasa de pobreza extrema se situó en 12,5  % y la de pobreza general en 33,7  % según el último informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Ese organismo informó que el número de personas pobres ascendió a 209 millones a finales de 2020, 22 millones más que el año anterior. De ese total, 78 millones se encontraron en situación de pobreza extrema, 8 millones más que en 2019.

Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señaló que la pandemia ha causado la pérdida de 26 millones de empleos en la región y el panorama es aún más complejo en 2021 debido a las nuevas olas de contagio y el lento proceso de vacunación. La OIT explica que antes de la Covid-19 existían malas condiciones laborales como alta informalidad, reducidos espacios fiscales, persistente desigualdad, escasa cobertura de protección social, las cuales se han acrecentado.

Acaba de ser publicado el  Informe anual de riqueza global de Credit Suisse, producido por los economistas Anthony Shorrocks, James Davies y Rodrigo Lluberas, el cual representa el estudio más completo sobre la riqueza personal global y la desigualdad entre adultos en todo el mundo.

Este informe del 2021, los economistas encuentran que la brecha global de la riqueza se amplió durante la pandemia de COVID-19, aumentando las filas de los millonarios del mundo en 5,2 millones, en la medida en que los ricos se han aprovechado de los crecientes precios de las acciones y de la vivienda. Cito: «Durante la pandemia, los recortes de emergencia de las tasas de interés y las medidas de estímulo del gobierno a menudo han beneficiado a quienes menos necesitaban el apoyo público, lo que ayudó a que sus activos crecieran en valor a pesar de la recesión económica».

Figura 1

El informe concluye que solo 56 millones o el 1 % de los 5.300 millones de los adultos en todo el mundo son millonarios en términos de riqueza neta. Y poseen el 45 % de toda la riqueza personal global. El otro 99 % posee el resto y hay casi 3 mil millones de personas en el mundo que tienen poca o ninguna riqueza (después de deducir las deudas).

Son tan fantasmagóricas las cifras que resultan difíciles de asimilar: Jeff Bezos, fundador de Amazon posee 177 000 millones de dólares; Elon Musk, creador de Tesla y SpaceX, 151 000 millones; Bernard Arnault, propietario de varias marcas de ropa de lujo y cosméticos, 150 000 millones; Bill Gates, cofundador de Microsoft, 124 000 millones; Mark Zuckerberg, fundador y director ejecutivo de Facebook, 97 000 millones.

En total, la riqueza mundial creció un 7,4% hasta los 418,3 billones de dólares en 2020, y estas ganancias se atribuyen en gran medida al crecimiento en EEUU, Europa y China, mientras que la riqueza general en América Latina e India disminuyó (Figura 1).

 

Figura 2

Se espera que la riqueza global aumente un 39 % más en los próximos cinco años hasta alcanzar los 583 billones de dólares en 2025, mientras que se prevé que la cantidad de millonarios aumente en casi un 50% hasta los 84 millones de personas. También es previsible que el grupo de personas lo suficientemente ricas como para ser incluido entre los super ricos aumente casi un 60%, para llegar a 344.000 personas.

En la figura 2, se muestra un cuadro clave del informe que es la pirámide de riqueza. Resume la distribución de la riqueza entre todos los adultos del mundo. El informe calcula que 2.900 millones de personas, el 55 % de todos los adultos del mundo, tenían una riqueza inferior a los 10.000 dólares en 2020. El siguiente segmento, que abarca a las personas con una riqueza en el rango de 10.000 a 100.000 dólares, ha experimentado el mayor aumento en cifras de este siglo, más del triple, desde 507 millones en 2000 hasta 1.700 millones a mediados de 2020. Esto refleja la creciente prosperidad de las economías emergentes, especialmente China.

En 2020, si tiene un patrimonio personal (activos financieros + propiedad – deuda) de más de $ 129.000, se encuentra en el 10% superior de los poseedores de riqueza global y si tiene más de $ 1 millón de patrimonio, se encuentra en el 1 % superior del planeta. Es decir, hay miles de millones de personas con poca o ninguna riqueza (financiera y propiedades) en el mundo. La desigualdad de riqueza es extrema.

Por otra parte, el informe indica que el 1 % de los super ricos en el mundo ha aumentado enormemente su riqueza durante la pandemia, especialmente en los lugares donde los hogares han sufrido más el impacto de la pandemia, como Rusia, Suecia, Brasil, India y los Estados Unidos.

Finalmente, en otro orden de ideas, pero estrechamente relacionado con el primero, nos encontramos que, según una encuesta CELAG, y un artículo (Serrano Mancilla, F. El falso mito del esfuerzo en América Latina. 2021. https://radio.uchile.cl/2021/06/27/el-falso-mito-del-esfuerzo-en-america-latina/), el mito del esfuerzo en América Latina es una gran mentira, tanto desde un criterio de subjetividad como si lo miramos objetivamente en cifras. En el imaginario de la ciudadanía latinoamericana existe una gran mayoría que no «se come el cuento» de que los altos ingresos vienen originados por el esfuerzo. Hay un claro sentido común latinoamericano a este respecto.

En ese sentido, según los resultados de tal encuesta indica que en Argentina, cuando se pregunta cuál es el origen de la riqueza de las familias más adineradas, sólo el 15,1 % considera que se debe al esfuerzo. El resto cree que es un asunto de corrupción o de herencia. En Chile, México, Bolivia, Perú y Colombia, los porcentajes son muy parecidos (13,4 %, 21,7 %, 20,7 %, 19,9 % y 18 %, respectivamente).

Pero no sólo es una cuestión de subjetividad; lo que piensa la gente está en sintonía con lo que objetivamente acontece.

Esta falsa relación entre esfuerzo y riqueza queda absolutamente demostrada en el libro «El capital del siglo XXI», del economista francés Thomas Piketty. En ese estudio se concluye que la herencia es uno de los principales factores para estudiar la reproducción del modelo económico capitalista. Para él, el control de la riqueza se transmite en grandes proporciones por vía hereditaria. Es lo que Kathleen Geier denominó heiristocracy (gobierno de los herederos). Esta suerte de «capitalismo patrimonial», de alta concentración, condiciona definitivamente el devenir de la economía real.

Se espera que las 500 personas más ricas del mundo les entreguen a sus herederos la suma de 2,4 billones de dólares en las próximas dos décadas. Y a nivel latinoamericano el fenómeno es idéntico. Más de la mitad de la riqueza pasa de generación en generación sin verse afectada por nada ni por nadie. Por ejemplo, en un informe de la OCDE («¿Un elevador social descompuesto? Cómo promover la movilidad social») se destaca que en Colombia se necesitan al menos 11 generaciones para que un niño pobre deje de serlo. Más de dos siglos para salir de una condición heredada desfavorable, por mucho que se esfuercen. En Brasil se necesitan 9; en Chile, 6.

El otro eje es la corrupción, que representa un significativo porcentaje del PIB en la región latinoamericana. Esta es la otra variable observada por la población para explicar la procedencia del dinero de los que verdaderamente tienen dinero. Al hablar de corrupción no sólo nos referimos a un asunto circunscrito exclusivamente a los políticos. Hay tanta o más corrupción en el sector privado. O, mejor dicho, en las grandes empresas, porque el valor de la corrupción a nivel de pequeña y mediana empresa es marginal.

Corrupción y herencia constituyen, definitivamente, el combo explicativo de buena parte de la riqueza latinoamericana. El esfuerzo es mayoritario, pero la riqueza no; está concentrada en muy pocas manos (Figura 3).

Figura 3

En conclusión, los trabajadores están pasando las de Caín en plena pandemia. Sus enormes esfuerzos, están conscientes, no los va a conducir a las arcas de las fortunas, pero lo más grave es que las grandes economías que sustentan a las riquezas del mundo, se distribuyen en pocas manos, gracias a la esencia de los mecanismos del capitalismo.

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