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LA VARIANTE DELTA DEL SARS-CoV-2 ¿CÓMO LOGRA SU RÁPIDA EXPANSIÓN?

La carga viral es aproximadamente 1.000 veces mayor en las personas infectadas con la variante Delta que en las infectadas con la cepa de coronavirus original, según un estudio en China.

Los trabajadores de la salud realizan un rastreo de contactos en medio de la pandemia de COVID-19 en Soyapango, El Salvador, en julio. Crédito: Jose Cabezas / Reuters

Desde que apareció por primera vez en India a fines de 2020, la variante Delta del SARS-CoV-2 se ha convertido en la cepa predominante en gran parte del mundo. Los investigadores ahora pueden saber por qué Delta ha tenido tanto éxito: las personas infectadas con él producen muchos más virus que las personas infectadas con la versión original de SARS-CoV-2, lo que facilita su propagación.

El pasado 21 de junio, el director ejecutivo de la OMS dijo sobre delta que se trataba de una variante “más rápida y que afectará a los más vulnerables al contagio de manera más eficiente que sus predecesoras”. Esta característica esencial convierte a la B.1.617.2 en una “variante de preocupación” para el Centro de Control de las Enfermedades estadounidense (CDC).

Establecer el efecto agregado de estos cambios resulta harto más difícil. Las estimaciones preliminares desde el Reino Unido, primer país europeo en el que delta golpeó con fuerza y propietario de uno de los sistemas de vigilancia genómica de virus más avanzados del mundo, indican que delta es un 40%, 50% o incluso 60% más contagiosa que alfa, una variante que ya de por sí había mejorado su capacidad de contagio versus a la versión original del virus emergida de Wuhan. Esos porcentajes indican la diferencia en tasa secundaria de ataque entre delta y alfa, es decir: cómo de más probable es que una persona portadora de SARS-CoV-2 versión delta se la transfiera a otra, en comparación con una que porta la versión alfa.

Según las estimaciones actuales, la variante Delta podría ser más del doble de transmisible que la cepa original de SARS-CoV-2. Para averiguar por qué, el epidemiólogo Jing Lu del Centro Provincial de Control y Prevención de Enfermedades de Guangdong en Guangzhou, China, y sus colegas rastrearon a 62 personas que fueron puestas en cuarentena después de la exposición al COVID-19 y que fueron algunas de las primeras personas en China continental en infectarse con la cepa Delta.

El equipo evaluó la «carga viral» de los participantes del estudio, una medida de la densidad de las partículas virales en el cuerpo, todos los días durante el curso de la infección para ver cómo cambiaba con el tiempo. Luego, los investigadores compararon los patrones de infección de los participantes con los de 63 personas que contrajeron la cepa original del SARS-CoV-2 en 2020.

En una prueba preliminar publicada el 12 de julio [(Li, B. y col. Preimpresión en medRxiv https://doi.org/10.1101/2021.07.07.21260122 (2021)], los investigadores informan que el virus fue detectable en las personas con la variante de Delta cuatro días después de la exposición, en comparación con un promedio de seis días entre las personas con la cepa original, lo que sugiere que Delta se replica mucho más rápido. Las personas infectadas con Delta también tenían cargas virales hasta 1.260 veces más altas que las de las personas infectadas con la cepa original.

La combinación de una gran cantidad de virus y un breve período de incubación tiene sentido como explicación de la elevada transmisibilidad de Delta, dice el epidemiólogo Benjamin Cowling de la Universidad de Hong Kong. La gran cantidad de virus en el tracto respiratorio significa que es probable que los eventos de superpropagación infecten incluso a más personas, y que las personas pueden comenzar a propagar el virus antes después de infectarse.

Y la breve incubación hace que el rastreo de contactos sea más difícil en países como China, que rastrea sistemáticamente los contactos de cada persona infectada y requiere que se pongan en cuarentena. “Poniendo todo junto, Delta es realmente difícil de detener”, dice Cowling.

La investigadora en genética Emma Hodcroft de la Universidad de Berna en Suiza está de acuerdo en que el mecanismo tiene sentido. Tanto ella como Cowling sospechan que es probable que las estimaciones de la diferencia exacta en la carga viral entre Delta y la cepa original cambien a medida que más científicos estudien el virus en varias poblaciones.

Varias otras preguntas sobre la variante Delta siguen sin respuesta. Aún no está claro, por ejemplo, si es más probable que cause una enfermedad grave que la cepa original, y qué tan buena es para evadir el sistema inmunológico. Hodcroft espera que parte de esta información emerja a medida que los investigadores observen más de cerca a poblaciones más amplias y diversas de personas infectadas con Delta y otras variantes. “Este virus nos ha sorprendido”, dice.

La variante Delta aún no se ha identificado en Venezuela al momento de la noticia (12 de julio), pero ya está circulando en más de 92 países del mundo y 14 de América entre ellos Brasil, Colombia, Aruba y Perú, por lo que la Comisión Presidencial para la Prevención, Atención y Control del COVID-19 considera una alta probabilidad de que llegue al país en las próximas semanas.

Ante este escenario, el presidente de la República, Nicolás Maduro, aseguró que el Gobierno nacional reforzará los mecanismos de despistaje y bioseguridad en las fronteras del país.

Asimismo, informó que “la mayor parte de las vacunas utilizadas en la actualidad han mostrado ser efectivas en prevenir la enfermedad grave, el ingreso de pacientes a cuidados intensivos y las muertes asociadas a la COVID-19″.

 

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